Graffiti, una percepción diferente

Entre la subcultura del graffiti y la vida de Poniboy

“Lo más loco que me ha pasado mientras graffiteo es estar pintando y hay alguien que no tiene casa, un vagabundo, ahí a lado tosiendo y ahí estoy pintando nada más. No nos hablamos ni nada, a veces ni siquiera nos vemos pero ahí estamos.”

Por las calles del centro de Monterrey se pueden apreciar diferentes manifestaciones artísticas en edificios viejos, bardas de terrenos abandonados y en pocas ocasiones, negocios. Lo que unos denominan como un acto vandálico y daño a la propiedad, es el escape espiritual de otros. Debajo de las fachadas de esos edificios pintados con aerosol existe todo una subcultura del graffiti regiomontano con sus personajes, filosofía y reglas de interacción social.

Graffiti es un concepto difícil de definir. El acto en sí es causa de una polarización de opiniones entre quienes lo consideran arte a quienes lo ven como un acto de vandalismo y rebeldía. Curiosamente, es una de las expresiones artísticas más penalizadas y que más abundan en las capitales mundiales, atrayendo a éstas multitudes de turistas. Entre tantas opiniones y puntos de vista es preciso definir al graffiti para poder entender a quienes lo realizan y promueven.

¿Qué es graffiti?

“Para mi el graffiti es dejar tu marca de alguna forma”, es lo primero que comparte Poniboy. “Es dejar tu marca de alguna manera, como tu quieras, pero de forma ilegal”. Existen muchas definiciones que se le adjuntan al graffiti y es algo que hoy en día se ha vuelto tan popular que su significado se ha visto perdido entre otros conceptos, como muralismo y arte urbano.

Desde un punto de vista estético, el graffiti es toda inscripción realizada en una pared o cualquier superficie del entorno urbano, con o sin voluntad artística a través de diversas herramientas como aerosol, plumones, plantillas. Su diferencia con los otros derivados del arte hecho en las áreas urbanas es que es exclusivamente ilegal.

“Muchos dicen que tiene sus raíces junto con el rap y la cultura del hip hop pero hay otra historia que creo que es más congruente que empezó con los metaleros,” comparte el entrevistado. “Por las portadas de sus bandas que están bien experimentales la gente empezó a imitar su estilo en las calles.”

El origen del graffiti comienza en los barrios marginales de Nueva York en 1970 con el registro de los primeros crews de graffiteros que pintaban los trenes subterráneos como protesta de los jóvenes hacia los problemas sociales. En México el graffiti se introdujo en Tijuana y se extendió por cuatro ciudades con la participación de jóvenes que salían a las calles dejando ver la realización de firmas, bombas, dibujos coloridos y letras, siendo la búsqueda de adrenalina una de sus mayores motivaciones.

Se intercambiaban técnicas en la frontera entre méxico-americanos que pertenecían al estado de California. En Guanajuato se crean los primeros estilos de firmas (tags) y piezas de graffiti, con el crew CHK, cuyas siglas simbolizan “Cops hate the kids”.

Los fantasmas de Poniboy

Las calles del centro están repletas con “tags” bajo el seudónimo de “Poniboy”. Sus fantasmas negros de ojos amarillos adornan la ciudad, dando vida a las múltiples paredes grises del centro de Monterrey.

Estudiante de Diseño Gráfico en el CEDIM y con apenas 19 años, se introdujo en el mundo del graffiti a los 12. Forma parte del APC crew, siglas que representan “Animal, Power, Crew”.

Mientras nosotros tomamos fotografías para recordar momentos, Poniboy deja sus recuerdos plasmados en el graffiti. El tiempo podrá pasar, pero su nombre quedará plasmado para siempre en la ciudad que ama, viendo el mundo pasar y la ciudad evolucionar a través de sus firmas.

El nombre que se escoge para el pseudónimo es igual de importante que el graffiti hecho bajo ese nombre. Es por el personaje Ponyboy Curtis del libro de “Rebeldes” de S.E. Hilton que el joven regiomontano se inspiró para recrear su identidad como grafitero.

Su arte, el cual fue totalmente autodidacta, se define por patrones de jardines y flores entrelazadas, donde se esconden fantasmas que poco a poco ha ido perfeccionando con el tiempo hasta convertirse en su identidad. A lo largo de su trayectoria ha ido evolucionando e identificando su estilo.

Con un estilo abstracto y moderno que lo destaca de los demás, su arte es poco comprendido, pero apreciado por muchos. “Mi estilo es raro, diferente, sé que no hago lo clásico”, aclaró.

Un estilo de vida

“Lo que me define son las personas, la calle y las experiencias que me van cambiando de dirección” expresó Poniboy. Más que un hobby, el graffiti es un estilo de vida. Desde que se levanta su vida gira en torno a él al punto que en el camino a la escuela busca lugares donde dejar algún tag, incluso en los autobuses de la ciudad hay tags de Poniboy.

Aunque se piensa comúnmente que el graffiti se hace con el propósito de cambiar el espacio público, los grafiteros no buscan rebelarse contra el gobierno, pues no tienen interés en la política. El principio detrás del graffiti se basa en el sentido de lo ilegal. El atractivo del graffiti es lo que representa detrás de ello: rebeldía, libertad y riesgo.

Para Poniboy, el riesgo es el denominador sentido del graffiti, pues es el rechazo de la sociedad a este tipo de arte urbano el que da sentido a la acción de graffitear; si hubiera una aceptación social del graffiti se perdería todo el sentido del acto. Es por esto que los grafiteros detestan a los muralistas y a los hipsters, pues no solamente se alejan de lo ilegal sino que son el inicio de una apreciación del graffiti por parte de la sociedad.

“Cuando graffiteo es como una calma, no pienso en nada, mi mente está en blanco hasta que dejo de pintar y me doy cuenta de todo lo que hice y no noté por estar concentrado,” expresó Poniboy. Además de un estilo de vida, el graffiti es una terapia personal, una manera de conectar consigo mismo y de conocerse mejor a uno.

“Yo pinto para mi. Para sacar las ondas que traigo aquí (en mi cabeza), pero tal vez esa cosa que es mi terapia puede ser la tuya. Los músicos, que también traen su terapia, pueden servirme a mí y así nos completamos, así que lo que es mio también puede ser tuyo.” explicó el graffitero.

La convivencia del crew

La comunidad del graffiti se forma por pandillas que se dedican a pintar. Se le llama “crew” a un grupo de artistas que trabajan juntos y componen graffiti. Más que un arte compartido, el crew comparte una ideología que une a las personas y crea lazos interpersonales que van más allá que una mera amistad.

“El ambiente entre tus graffiteros amigos esta chido. Cuando haces cosas ilegales con alguien, como salir a pintar, te unen más. Yo sé que voy a estar pintando y él está cuidando de mi, yo estoy en sus manos. Si se duerme, a los dos nos puede cargar la verga… como que creas una conexión más allá. Amistad y carnalismo en la calle. Está ese extremo y a los que no son tus amigos sí puedes llegar a odiarlos, hay banda que ha llegado a matar gente por cuestiones del graffiti, como el Shadow, que mató a uno y se escapó al DF pero aun así está en el bote”, describió.

Existen dos maneras de ser reconocido dentro de la comunidad del graffiti. La primera es por medio del arte, desde las técnicas empleadas hasta el significado detrás de cada imágen, pero el verdadero prestigio del graffiti se gana a través de lo ilegal.

El grafitero deja huella en la ciudad y en la comunidad por medio de sus tags. La cantidad de tags se refleja en la cantidad de personas que van a conocer tu nombre, pero la verdadera manera de ganar prestigio es por medio de qué tan arriesgado es el tag. Si un grafitero logra firmar un tag en un lugar muy público o difícil de alcanzar gana el reconocimiento y respeto de la comunidad.

¿Arte o vandalismo?

No todos consideran el graffiti como un arte, en México existe la percepción de que es un acto de vandalismo que causa daños a la propiedad pública trayendo consigo enormes gastos para su reparación. No solo eso si no se considera que es un factor que atrae el vandalismo y a las pandillas aparte de devaluar la zona en la que está.

En el Código Penal Federal (2012) se establece en su art. 399 que “cuando por cualquier medio se cause daño, destrucción o deterioro de cosa ajena en prejuicio de tercero, se aplicarán las sanciones del robo simple”.

“En la CDMX es delito federal, pueden llevarte hasta 2 o 3 años a la cárcel por pintar,” cuenta Poniboy. “Es una exageración, es solo pintura y no vale estar encerrado tanto tiempo. A veces le dan menos a los violadores.”

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Edición: Elena Urueta

Redacción: Shirley Hernández y Marlenne Vela

Infografía: Carolina Webb

Fotografía: Diana Doria

Video: Francisco Tijerina

Audio: Denise Bernal