Los tesoros de la Ciudad de México

Por Carolina Webb

El pasado 19 de octubre se dio inicio al Abierto Mexicano de Diseño con sede en la ciudad de México, un festival anual que celebra el diseño mexicano en todas sus disciplinas. En su cuarta edición, el abierto ofreció una plataforma para que jóvenes mexicanos dieran a conocer su trabajo y para que espectadores de todas partes del mundo pudieran empaparse en nuevas propuestas. Debido a la ocasión, y añadido al folklor regular de la Ciudad de México, las calles se vieron llenas de diseño y riqueza cultural.

 

Empezando en la Alameda Central, entre árboles y patinadores se encontraba el pabellón cultural migrante. Desarrollado por el estudio de diseño “Tuux”, la estructura se elevaba a los 7 metros de altura y 12 de largo. El pabellón está construido de madera, sin la necesidad de herramientas eléctricas ni conocimiento especializado por lo que su instalación se puede llevar a cabo por los mismos miembros de la comunidad en la que se coloque la estructura. Su presencia provoca un nuevo espacio público en el que se desarrollan actividades recreativas culturales abiertas al público.

 

Pabellón Cultural MigranteEn el interior del pabellón se realizan distintas actividades sociales y culturales.

 

Más adelante, acercándose al centro de la plaza, se encuentra la instalación realizada por DUCO Lab en colaboración con Buró-Buró llamada “libro libre”. Se trata de un espacio de descanso y lectura; la iniciativa es producir espacios itinerantes sustentables con un impacto cultural y social que generen cambios positivos en el entorno y mejores la calidad de vida de las personas. El espacio está construido a base de materiales reciclados e integra una celda de energía solar para que impacto en el medio ambiente sea positivo.

 

La instalación de "libro libre" propone un espacio para relajarse y leer

 

Cruzando la calle de la alameda se llega a la famosa calle peatonal “Madero” que alberga la más grande riqueza cultural en sus peatones, vendedores ambulantes y turistas. Entre el mar de gente el oído detecta cientos de conversaciones diferentes, la mayoría con el reconocido acento chilango que se puede amar u odiar.

 

Al visitar la Ciudad de México es imposible no pasar frente al menos un músico ambulante, y si se tiene suerte son muchos. Las expresiones musicales varían en un rango grande de géneros e instrumentos musicales que seleccionan sus intérpretes, pero lo que nunca les falta es la emoción honesta en cada actuación; si uno pone atención hasta puede reconocer las bellas letras de las canciones que retumban en las paredes de los viejos edificios de la ciudad. En esta ocasión pude presenciar la interpretación de este hombre con sus dos hijos, cuyas voces agregaban una dimensión especial a la melodía.

 

Sea o no la celebración de algún festival de diseño, cultural o musical, la Ciudad de México nunca falla en ofrecer una experiencia diferente e inolvidable cada día.