Un día sin auto

Por Elena Urueta

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El uso del transporte público ha disminuido de 65% a 30% en la última década.

A pesar de que el Día Mundial sin Automóvil es el 22 de septiembre, todos los días son ideales para darle una oportunidad al transporte público y dejar descansar el auto. Monterrey es una ciudad diseñada para carros, donde el peatón queda en segundo, y en muchos casos en último, plano. Manejar se vuelve una tarea cotidiana insoportable cuando tienes que pasar al menos dos horas en el tráfico en total por día pero es difícil dejar la comodidad del auto individual para cambiarla por los servicios de transporte público.

Al tener un transporte descuidado e ineficiente a cargo de conductores que no respetan las leyes viales, banquetas rotas, angostas y muchas veces inexistentes y distancias muy largas por recorrer, dejar el auto es un acto total de valentía y en Monterrey, casi revolucionario. Después de reflexionar sobre el severo impacto que los carros dejan en el medio ambiente, dejé el carro por un día y me aventuré a la calle.

Bajé caminando unos 500 mts de mi colonia a las nueve de la mañana para llegar a la parada de camión. Una parada que legalmente no existe pero ya es costumbre que el bus se para ahí por la cantidad de gente que se ha juntado a esperarlo a diario. Lo tomé y alegremente saqué un libro de la mochila para tener algo que hacer mientras llegaba a mi siguiente destino, el Tec. Fuera de los frenos repentinos y tremendos temblores que hacía el autobús cada que pisaba un bache, el camino fue bastante cómodo. Me dejó en una esquina justo a un lado del Tec por lo que no tuve que caminar mucho para entrar al campus.

Después de un corto día de clase salí a tomar el autobús denuevo pero en esta ocasión la dirección fue hacia el centro para poder agarrar el metro e ir a mi trabajo que queda en la calle Madero. Hubo poco tráfico esta vez y llegué a la calle detrás de Marco rápidamente. Bajé y caminé hacía la derecha para dirigirme a la estación de metro Zaragoza, la primera en la línea. Las estaciones de metro son impecables, bombardeadas de arte urbano y muy bien organizadas. ¡Lo que daría por tener una línea que llegue hasta mi casa!