Como de Trump, como de mexicanos

(título de la columna) PARECIERA QUE…

Al final, no somos tan diferentes de Donal Trump.
Al final, no somos tan diferentes de Donal Trump.

“En este acto abre de firmar una iniciativa para incorporar con toda claridad que las personas puedan contraer matrimonio sin discriminación alguna” fueron las palabras del presidente Enrique Peña Nieto al anunciar el derecho de matrimonio para la comunidad LGBT el pasado mes de mayo. Miles de personas se manifestaron alrededor de la república en contra de esta iniciativa, al unirse a la marcha “por la familia”.

Lo irónico aquí es que las marchas fueron organizadas por altos miembros de la iglesia y actuales y ex funcionarios públicos, quienes al parecer no comprenden la definición de un Estado laico que este separado de la iglesia ni del artículo 1 de la Constitución Mexicana sobre el rechazo a la discriminación. Rodrigo Iván Cortés, vocero del Frente Nacional por la Familia, realizó un anuncio invitando a las personas a unirse a las marchas por la familia para defender el diseño original de la familia, negando la iniciativa del presidente, pues dice ser una amenaza para la familia, el matrimonio, los niños y los padres de familia. Solamente porque no lo dicta su religión, el matrimonio gay es algo que los marchantes consideran como innatural o malo. Se basan en que los padres homosexuales no pueden ser buenos padres y pueden afectar la “ideología” de lo niños, pero esto no es una cuestión de ideología, si no de amor. Si el amor no es natural, entonces ¿qué lo es? Vivimos en un mundo en el que ya ni siquiera la comida que consumimos es natural, estamos acabando con la naturaleza poco a poco, y pareciera ser que lo único natural en este mundo son los sentimientos. Pero esto no es algo que haya sorprendido a muchos, pues en un país con raíces tan conservadoras es innegable que la religión toma un papel importante dentro de la ideología de muchos de los mexicanos.

El sarcasmo detrás de estas marchas es la similitud que hay entre los mexicano y su más reciente enemigo: Donald Trump, quien ha dictado una serie de acusaciones sobre el mexicano, llamándole criminal y delincuente. Para los mexicanos, es el mismo caso. Miles de mexicanos marcharon contra el derecho al matrimonio igualitario, apoyándose del argumento de que los homosexuales no pueden ser buenos padres. Al final, no somos tan diferentes de Donal Trump. La diferencia aquí es que Donald Trump discrimina a otra raza, a otra nacionalidad, mientras que nosotros discriminamos dentro de nuestra misma gente. Marchamos en contra de los derechos de los homosexuales, quienes también son mexicanos. Estamos condenados al malinchismo y a la traición, la naturaleza del mexicano en todo su esplendor.

(Foto recuperada de: Antiomedia)

DB