Cruz Azul, un amor imposible de abandonar

chaco

Por Andrea Paz

Cuando me preguntan qué se siente irle a Cruz Azul, un millón de pensamientos pasan por mi mente; la historia de la institución, el nacimiento del equipo, el haber llegado a la primera división, ganar nuestro primer campeonato, Miguel Marín, ‘Conejo’ Pérez, las ocho estrellas que aparecen en nuestro uniforme, las finales perdidas, las burlas, las finales perdidas y las finales perdidas.

Es complicado sentir amor y odio por algo, sin embargo, esta es mi situación con Cruz Azul. ¿Cómo abandonar a ese algo que así como te hace derramar lágrimas de felicidad, también te hace derramar lágrimas de profunda decepción? Es una relación complicada, pero ahí quiero estar.

Desde pequeña decidí apoyar a este equipo; me enfundé en la camiseta celeste por ahí de los 7 años y desde hace más de 14 años, he defendido sus colores día con día. Solía ver todos los partidos de la Máquina, cada sábado mi padre y yo comprábamos sabritas, palomitas y refrescos, todo para tener esa cita especial con el equipo de nuestros amores.

No todo fue tan malo como lo hago sonar (lleno de decepciones); por ahí del 2008, mi Cruz Azul brillaba. ‘Chelito’ Delgado, Óscar Pérez, Gerardo Torrado, mi fiel ‘Cata’ Domínguez e incluso Pablo Zeballos, eran algunos de mis súper héroes en esa época (en efecto, no soy una niña normal). No se imaginan cómo disfrutaba verlos jugar; tenían ganas de salir a la cancha, corrían para recuperar el balón, se entendían y generaban unas jugadas impresionantes… pero lo más importante: sentían amor por la camiseta, tal y como lo hace un buen aficionado.

A pesar de no conseguir el ansiado título, esa época fue (hasta el momento) la que más felicidad me ha brindado. Después de ellos, Cruz Azul llegó a una etapa complicada; llegaban jugadores extranjeros “dispuestos a darle un campeonato al equipo”, sin embargo, jamás duraron demasiado, dos torneos cuando mucho. Mi equipo se convirtió en un vil negocio, una pasarela para futbolistas de todo el continente que únicamente venían a probar suerte en el futbol mexicano.

He recibido mil burlas por todas las finales perdidas que mi equipo ha sufrido, contra el Monterrey, contra Santos, contra Toluca y la más dolorosa de todas, contra el América, nuestro acérrimo rival. A pesar de todos los resultados negativos que hemos tenido, la afición jamás se irá, ¿y sabes por qué, querido lector? Porque el amor que uno siente hacia su equipo (si eres aficionado seguramente me entiendes), jamás desaparecerá. Podrán haber mil momentos decepcionantes, pero si conoces los orígenes y la historia de ese equipo tan maravilloso del que eres hincha, jamás te irás.

Y yo, mi querido Cruz Azul, puedo decirte que nunca, que te quede claro, NUNCA te voy a abandonar.

 

SD